El poblado de La Junta, recibe este nombre por el encuentro entre los ríos Rosselot y Palena, además de ser punto de confluencia de antiguas sendas. Los colonos llegaron a los valles del norte de Aysén, navegando por el Río Palena desde la costa y cabalgando por sendas desde Argentina. El Río Palena domina la fisonomía de esta área y desde La Junta es posible tomar el camino que sigue el curso del Palena hacia la costa, hasta el pueblo de Raúl Marín Balmaceda, ubicado prácticamente en el delta del río, rodeado de playas de arenas muy blancas, con bosques que llegan hasta el mar. La actividad principal del pueblo es la pesca y la recolección de mariscos, aunque debido a su ubicación y belleza, actualmente se desarrollan actividades turísticas como avistamiento de cetáceos, fauna, pesca deportiva y termas, en un ambiente sencillo, rodeado de una naturaleza exuberante.

Al sur de La Junta se encuentra el Parque Nacional Queulat, una maravilla de la naturaleza, donde se ubica el famoso Ventisquero Colgante, un verdadero capricho patagónico, con masas de hielos suspendidas en la cornisa de la montaña, que dan origen a elegantes saltos de agua. La Carretera Austral, presenta una pronunciada cuesta en este sector y es el mayor obstáculo para los visitantes que la recorren en bicicleta. Como recompensa pueden bajar varios kilómetros libres hacia los valles al norte o al sur de la cuesta. En el parque existe un mirador con vista al ventisquero muy cerca del estacionamiento habilitado. También existe un sendero de 1 km que cruza una pasarela sobre el Río Témpanos que lleva a la laguna del mismo nombre. Desde este sector es posible realizar caminatas más exigente de 3 km hasta un mirador con vista tanto hacia el ventisquero como a la laguna que se forma a sus pies. Al sur del parque se ubica el Sendero Padre José García, nombre de un jesuita que en 1766 se adentró en esta área buscando la mítica Ciudad de los Césares. Este sendero es corto, posible de completar en unos 10 minutos y permite apreciar la exuberante vegetación del área, como helechos gigantes, nalcas y una bella cascada al final del sendero.

El siguiente poblado es Puyuhuapi, que disfruta una ubicación privilegiada al final del fiordo, fácil de confunfir con un lago, salvo por el avistamiento de toninas que a veces nadan muy cerca de la costa. En este sector, destaca el servicio de termas habilitadas en ambas orillas del fiordo. Continuando hacia el sur, se llega a Villa Amengual fundada en 1983, constituida como un centro de servicios para los constructores de la carretera y los colonos del lugar. Desde este sector es posible tomar el desvío hacia todos los cisnes, vale decir los pueblos que curiosamente comparten la denominación "cisnes". Hacia la costa se llega a Puerto Cisnes, luego de atravesar frondosos bosques, enormes murallones y la Cordillera de Los Andes. Puerto Cisnes funciona también como centro de abastecimiento de pequeñas caletas de pescadores o pueblos de este sector de la costa. Originalmente los canales de esta área fueron recorridos por los chonos, en cambio hacia el interior existen pinturas rupestres de origen tehuelche. Este contacto geográfico, posible a través del fiordo, ha hecho especular a algunos autores sobre algún nivel de intercambio entre estos pueblos, sin embargo no existe evidencia al respecto. En dirección hacia la frontera, es posible visitar Cisne Medio y a continuación La Tapera. El camino es bastante rústico y tiene como característica principal que su trazado sigue el cauce del Río Cisnes, que en ciertos tramos corre al fondo de un acantilado disimulado en medio de un tupido bosque, que de improviso desaparece dando paso a un paisaje netamente de pampa, al llegar a Alto Río Cisnes. En La Tapera destaca un pequeño museo con muestras arqueológicas, la mayoría encontradas en el sector, como puntas de flechas y boleadoras.

Al sur de Villa Amengual se encuentra el Lago Las Torres, rodeado de un bosque siempre verde compuesto de coigües, mañíos y lengas. La fauna es abundante y se puede avistar pudúes, huillines, coipos, nutrias y una gran variedad de aves. Luego, se ubica Mañihuales, una villa que ofrece servicios básicos, alojamiento y una estación de bencina. El río del mismo nombre, corre en medio del valle, encajonado por cerros y murallones, que forman la Reserva Nacional Mañihuales, donde se avistan cóndores y huemules. La reserva cuenta también con áreas de picnic, en medio de un bosque ubicado hacia la salida sur de la villa.

 

 

Desde Mañihuales continúa un camino pavimentado a Puerto Aysén que permite en el Cruce Viviana tomar la bifurcación hacia Coyhaique. También es posible realizar el camino de ripio desde Mañihuales a Villa Ortega para luego alcanzar Coyhaique. Este camino ofrece innumerables encantos, en una mezcla de paisajes donde se divisan estribaciones de la pampa. Un desvío lleva a Ñirihuao y al Valle de la Luna, un lugares destacado como impresionantes por algunos viajeros, formado por innumerables cerros que parecen aflorar desde la pampa como coirones o plantas gigantes, ofreciendo un espectáculo imponente hacia los cielos abiertos de la frontera y hacia las montañas que se cierran hacia el interior de Aysén. Desde esta sencilla localidad, se puede tomar un camino ripiado que corre paralelo a la frontera, hasta Coyhaique Alto (solo recomendable en verano). Al avanzar por este camino se puede observar el límite natural de la pampa y los bosques de Aysén, matizados por pequeños arroyos que nos recuerdan que este fue territorio de caza tehuelche. Así lo atestiguan las pinturas rupestres en un paredón de piedra, desgraciadamente muy vandalizadas, ubicado a unos 8 kilómetros al norte del retén de Carabineros. Desde este retén se toma el camino internacional que llega hasta Coyhaique, para apreciar como la pampa se va perdiendo suavemente, mientras se avanza hacia la capital regional. Los lugareños dicen “bajar a Coyhaique” por un camino de ripio en buen estado que curva tras curva se acerca al corazón de Aysén. En realidad son solo 50 kilómetros que separan los dos Coyhaique, pero este es uno de los caminos donde el amarillo y el ocre de la pampa, van cediendo minuto a minuto, al azul y verde intensos de Aysén.

Coyhaique tiene vida propia y habitantes que parecen recorrer su calles con objetivos claros, a un ritmo algo pausado, pero dando la impresión que el tiempo no sobra en esta ciudad. Coyhaique es tradición, vida local, capital y modernidad, con vista a todas las diferentes patagonias que existen en la región. El tema Patagonia no deja indiferentes a sus habitantes, que se declaran patagónicos, como una definición de identidad que implica un estilo de vida que valora la sensación de libertad que el territorio parece entregar a cada uno de sus habitantes. La ciudad ofrece todos los servicios y dispone de una buena cantidad de restaurantes y cafés, perfectos refugios cuando el clima no acompaña.

 

 

Desde Coyhaique es posible viajar hacia cualquier dirección de la región y sirve también de punto de encuentro a los propios habitantes de Aysén. En la ciudad es posible encontrar información turística de calidad y se recomienda, a quienes estén interesados en un contacto más cercano con la vida local, visitar la biblioteca pública, mirar con detención los afiches que anuncian típicas actividades sociales como conciertos, actividades deportivas, jinetadas, una fiesta costumbrista que giran en torno a la música, el baile, la comida y la destreza con los caballos. Muchas veces las organizaciones sociales instauran fiestas en torno al típico asado al palo de cordero, curantos o actividades bailables. Se recomienda también leer los dos periódicos locales para obtener tanto una mirada sobre las preocupaciones y vida local, como información de actividades de toda la región que pueden ser de interés para el turista.

Un destino obligado es el camino a Puerto Aysén, siguiendo la ruta que se desplaza junto al Río Simpson, bautizado en memoria del capitán Enrique Simpson quien lo exploró el año 1871, llegando a divisar el valle donde se ubica la actual Coyhaique. En este tramo, la naturaleza parece desbordarse en cascadas que bajan en tropel desde los cerros de piedra negra, pulidos como catedrales naturales y montañas cubiertas de selvas impenetrables. El camino esta pavimentado, sin embargo da la impresión que el área no está totalmente domada y en cualquier momento el paso podría interrumpirse, lo que hace valorar el esfuerzo de la expedición de Simpson que tuvo que cruzar todo el cañón en medio de una vegetación virgen y salvaje, para unir por primera vez la costa con los valles del interior.

El agua, el verde y el azul son los protagonistas de toda este hermosa área como la Cascada de la Novia, donde el agua cae como un velo acuático y la Cascada de La Virgen, con un caudal que se subdivide armoniosamente en dos vertientes. Posteriormente los ríos Simpson y Mañihuales se juntan y dan origen al Río Aysén, barrera natural que impidió el acceso por tierra hasta el año 1961, cuando se inauguró el Puente Presidente Ibáñez, hito arquitectónico de la ciudad de Puerto Aysén y a la vez pasada obligada para todos quienes se dirigen a Puerto Chacabuco.

Puerto Aysén es la segunda ciudad en importancia de la región y ofrece todo tipo de servicios, con un puerto fluvial donde recalan barcos de pesca y turismo. Cerca de la ciudad, se ubica la Central Hidroeléctrica Los Palos, que exhibe partes construidas con gruesos troncos, en medio de un atractivo entorno. Hacia el sur, se ubica el parque privado Aiken del Sur, que dispone de senderos bien señalizados, exposición sobre flora y fauna regionales, además de servicio de gastronomía típica como el asado patagón. Cerca de Puerto Aysén destacan varios lagos rodeados de abundantes vegetación, como los lagos Riesco, Portales y Zenteno. Siguiendo el último tramo del camino se llega a Puerto Chacabuco, que ha adquirido gran importancia por el auge del turismo y la industria salmonera, convirtiéndose en un punto de entrada a la región y de embarque hacia las islas del litoral. Desde Chacabuco es posible abordar naves que viajan a la Laguna San Rafael, con diferentes alternativas de precios, desde barcos bien equipados a goletas pesqueras acondicionadas como naves de turismo. La navegación hacia la laguna en sí misma es un atractivo formidable, que permite apreciar una gran cantidad de islas y canales que se estrechan en algunos puntos, permitiendo observar en detalle la línea de la costa. La Laguna San Rafael, forma parte del parque nacional del mismo nombre y en ella los hielos caen desde los ventisqueros vecinos para flotar en aguas generalmente calmas. La laguna era parte de la ruta de los canoeros chonos, que arrastraban sus naves por el Estrecho de Ofqui, para luego atravesar la laguna y navegar hacia el norte, evitando el peligro de rodear las aguas abiertas en torno a la Península de Taitao, que en forma de cuerno divide en dos el litoral de Aysén.

Al sur de Coyhaique, destaca el imponente Cerro Mackay con paredes tallada en forma vertical como un enorme órgano medieval, donde el paso del viento produce sonidos desconcertantes, con cierto nivel de musicalidad. Inmediatamente después del cerro, aparece la Laguna Foitzick, donde los niños aprenden que “no tiene fondo”, probablemente la razón por lo cual no se ven bañistas en este lugar. Poco más al sur, se encuentra la Muralla China, una extraordinaria formación rocosa que a primera vista parece ser esculpida por seres humanos y no por obra de la naturaleza. En este punto está el cruce hacia el centro de ski El Fraile y el camino que lleva a los lagos Frío y Póllux, típicos lagos pampeanos, rodeados de cerros de vegetación escasa, o hacia los lagos Elizalde y La Paloma, lagos andinos, encajonados entre montañas de exuberante vegetación.

Continuando el viaje se llega a Balmaceda, el primer poblado fundado oficialmente en Aysén en 1917, donde actualmente se ubica el aeropuerto de la región. Luego del cruce a Balmaceda, el camino se interna hacia el Portezuelo Ibáñez, lugar de impresionantes cerros de caprichosas formas y hermosos colores, que cuando son iluminados por el atardecer, cambian de tonalidades entre naranjo, amarillo y ocre. Este lugar es uno de los más bellos de la región por cuanto cada recodo, riachuelo, cascada o laguna es un mundo de formas y colores propios. Cuando ya es difícil decidirse por cual es el lugar más bello, el camino baja hacia el valle y aparece de improviso el imponente Cerro Castillo, definitivamente la montaña más hermosa de Aysén. Desde el poblado del mismo nombre, es posible visitar pinturas rupestres y apreciar el entorno del Río Ibáñez que se dirige al encuentro del Lago General Carrera.

El Lago General Carrera, denominado Chelenko por los habitantes de sus riberas, en honor a la cultura tehuelche que indudablemente tenía aquí el agua madre de su cultura. El lago es un espectáculo perfecto de la naturaleza, del cual es imposible despegar los ojos de sus aguas color turquesa profundo, así como de su entorno rodeado de montañas que parecen querer igualar en belleza al enorme lago que se extiende hacia Argentina. Esta gran masa de agua pasa de la inquietud con olas que rivalizan con las que produce el mar, a la máxima tranquilidad, transformándose en un gran espejo que refleja las imágenes ayseninas en toda su magnificencia.

 

Desde Puerto Ingeniero Ibáñez sale la barcaza que lleva a Chile Chico, probablemente el lugar con los contrastes más increíbles de toda la Patagonia, una ciudad de duraznos y casas de adobe, en un entorno que apabulla por sus diferencias paisajísticas. Desde la frontera, que aquí está a unos pocos kilómetros, se abre la pampa, en cambio hacia la ribera opuesta se aprecian los puntas rocosas de las montañas patagónicas. En dirección a la costa se divisan hielos eternos que coronan las diferentes cumbres, que permiten adivinar los campos de hielos que están a algo más de 100 kilómetros de esta pintoresca ciudad, donde el calor que recibe de la pampa y las aguas del lago ayudan a crea un microclima que permite la maravilla de cosechar todo tipo de frutos en plena Patagonia. Al sur de Chile Chico se ubica la Reserva Nacional Jeinimeni, escasamente visitada, pero que cobija tesoros culturales como pinturas rupestres tehuelches. Se recomienda salir de amanecida para apreciar como la luz avanza rápido desde la pampa, iluminando los erosionados cerros al sur de la ciudad, que a ratos transporta al viajero a vistas del norte desértico de Chile. Conforme se avanza hacia el sur, se llega a un tupido bosque patagónico, rodeados de hermosas cumbres y salpicado de varias lagunas. También desde Chile Chico es posible retornar por tierra rodeando el lago y visitar las pintorescas aldeas ribereñas. El camino serpentea, siguiendo la forma del lago y a momentos es bastante estrecho, especialmente cuando cruza impresionantes socavones con arroyos que corren violentamente por sus lechos en dirección al gran lago. Es necesario disponer de tiempo para recorrer el camino de 150 km entre Chile Chico y Tranquilo, pues se necesitan varias horas para completarlo en verano.

 

El pueblo de Puerto Tranquilo ofrece múltiples atractivos, como asomarse a Campos de Hielo Norte a medio camino hacia Bahía Exploradores, o tomar un pequeño camino hacia Lago Los Leones para apreciar el ventisquero del mismo nombre. Pero indudablemente su mayor atractivo es la Catedral y Cavernas de Mármol, ambas en las cercanías del poblado.

Cochrane no supera los 3.000 habitantes, sin embargo se ha constituido como un punto de encuentro del sur de la Región de Aysén, en parte debido a la conectividad que brinda la Carretera Austral, pero además por su belleza escénica con paisajes muy diversos, desde boscosos a entornos agrestes moldeados por el viento. Esta área es rica en fauna como huemules, guanacos, pumas, zorros, cóndores, águilas y otros animales, que habitan en la Reserva Nacional Tamango a 10 km del poblado. Cerca de Cochrane corre el Río Baker, el río más caudaloso de Chile, un verdadero símbolo de la región, que sin embargo divide la conciencia de los habitantes de Aysén por cuanto sus aguas es la materia prima que se pretende aprovechar para generar energía eléctrica y luego transportarla al norte del país, con todas las implicancias medioambientales, económicas y culturales que un megaproyecto de esta naturaleza conlleva. Otro punto de interés son los Campos de Hielo Norte, con ventisqueros que caen hacia los lagos como el Colonia, posible de avistar desde un camino que corre junto al Baker. Hacia la frontera se ubica el Cerro San Lorenzo, considerada la segunda cumbre más alta de la Patagonia, un icono para los andinistas que suben hacia sus nieves eternas, con la esperanza de ver desde su cumbre la exuberante geografía de Aysén.

Al sur de Cochrane, en la desembocadura del Baker, se encuentra Caleta Tortel que mira en dirección hacia las islas que conforman los archipiélagos australes. Tortel es considerada como uno de los lugares más singulares del mundo, tanto por su emplazamiento, como por las pasarelas hechas de madera que conectan los diferentes sectores del pueblo. La primera impresión para el viajero, es encontrarse ante una aldea artificial, sin embargo este entorno en base a madera, se construyó echando mano a la materia prima más abundante de la zona, el ciprés de las Guaitecas. El pueblo está asentado en la montaña que llega hasta el mar y las pasarelas se han adaptado a las formas de la roca, logrando un balance entre la necesidad humana de sobrevivir a un riguroso clima y la naturaleza que aquí ha sido respetada.

El camino desde Tortel a O´Higgins es un tramo sorprendente de la Carretera Austral, con una selva muy densa cercana a la costa, el cruce del Fiordo Mitchel y la presencia cercana de los Campos de Hielo Sur. Cerca de Villa O´Higgins en la línea de la frontera, se ubica el Ventisquero Mosco y desde esta localidad es posible visitar el último poblado al sur de Aysén, Candelario Mancilla, en realidad un retén de Carabineros fronterizo y asentamientos de algunas familias. Para llegar allí, hay que tomar una lancha en Puerto Bahamondez y navegar un brazo del Lago O´Higgins. El sur de Aysén y toda el área cercana a Villa O´Higgins es muy atractiva, donde incluso la falta de caminos y el ambiente de frontera atraen una gran cantidad de visitantes, que buscan el sentido más profundo de la vida patagónica.